“En una sociedad secularizada, el mayor desafío para los intelectuales cristianos es suscitar una nueva curiosidad”
Ricardo Calleja, profesor del Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea de la Universidad de Navarra, publica “Ubi Sunt? Intelectuales cristianos”
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“¿Dónde están los intelectuales cristianos?”. Con esta pregunta en un artículo de opinión de Diego Garrocho se generaba un debate que aún hoy continúa abierto. En su último libro, “Ubi Sunt? Intelectuales cristianos”, Ricardo Calleja, profesor del IESE y del Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea de la Universidad de Navarra, ha querido abordar esta cuestión.
Publicado por Ediciones Cristiandad, la obra recoge distintas posiciones, experiencias y sensibilidades que comparten una misma inquietud: “¿Qué puede aportar el cristianismo a la cultura y la opinión pública contemporáneos, en un contexto progresivamente pos-cristiano?”.
En la siguiente entrevista, el profesor Calleja aporta algunas reflexiones sobre esta cuestión.
1.- ¿Qué te llevó a editar este libro sobre los intelectuales cristianos y a involucrarte en el debate sobre su presencia en el mundo contemporáneo?
El debate empezó, como es sabido, con un artículo de Diego Garrocho, recogido y ampliado por él mismo al comienzo del libro. Me llegó por redes y a través de una amiga común (que llevaba tiempo queriendo presentarnos). Desde el primer momento me pareció una pregunta pertinente, pero que exigía clarificaciones, y eso ensayé en algunos artículos. Cuando contacté con la editorial enseguida concluimos que reunir todas las voces que se iban sumando y darles unidad (que no significa uniformidad de opiniones) sería una buena aportación.
2.- En el libro preguntas "¿Dónde están los intelectuales cristianos?". ¿Tienes una respuesta a esta cuestión?
Higinio Marín en su epílogo apunta con sagacidad que la pregunta incluye la respuesta: "¿Dónde están...?". "Pues aquí estamos al menos algunos". El debate ha servido para que muchos tomen conciencia de la importancia de hacer oír voces no sólo de cristianos, sino que aporten temas y perspectivas que son de hecho cristianos, aunque su comprensión no exija tener fe: el perdón y la misericordia, la persona humana y su diferencia sexual, la dignidad de todos y especialmente de los más débiles, etc.
3.- ¿Cómo crees que el cristianismo puede aportar algo diferencial al debate público, en un contexto marcado por el laicismo y, en ocasiones, incluso, por el anticlericalismo?
La comunicación suele exigir la búsqueda de referencias y autoridades compartidas. Pero el anuncio cristiano tiene una novedad radical: Cristo mismo, que trae una experiencia y una explicación nueva de la vida. Junto con los argumentos razonables que puedan darse (sobre todo en materia moral), es necesario un testimonio que cree su propia experiencia encarnada, su propio lenguaje. Fue el cristianismo quien difundió palabras como caridad, pecado, persona... que eran "raras" para la sociedad de entonces. Por eso, aunque haya falta de cultura religiosa o incluso rechazo visceral, la propuesta cristiana no puede reducirse a su versión secularizada y racionalizada, o meramente moralista o espiritualista.
4.- El título del libro parece sugerir que los intelectuales cristianos se han “escondido”. ¿En qué medida crees que la religión y la fe cristiana se han apartado del debate público en las últimas décadas?
Miguel Ángel Quintana Paz fue uno de los primeros que cogió el guante en este debate, señalando que el problema no es que a los cristianos no les dejen hablar en público de lo suyo. El problema es que están escondidos. Así lo explica en su capítulo. Pienso que se debe a una desorientación intelectual que lleva a la adaptación mimética. Es comprensible, pero el libro intenta contribuir a superarla.
5.- En la actualidad, ¿cuáles crees que son los mayores desafíos para los intelectuales cristianos en una sociedad cada vez más secularizada?
La idea de que el proceso de secularización es lineal, progresivo e imparable es falsa. Pienso que estamos en tiempos post-seculares. Hace poco leía unas palabras al respecto del obispo Erik Varden en Nuestro Tiempo. La clave está en suscitar una "nueva curiosidad", como pedía ya en los ochenta Joseph Ratzinger. Y para ello, sufrir las preguntas comunes a todos, para las que tenemos las respuestas.
6.- Hablas de “guerra cultural”. ¿En qué sentido utilizas este término? ¿Crees que hay una necesidad de que los cristianos "recuperen" el espacio cultural?
Parece obvio que hay que cristianizar la cultura, pero que hay muchos poderes e intereses en contra. Dos pelean si uno quiere. Las estrategias para comunicar el mensaje cristiano -que aspira al encuentro, a la caridad- son muchas. La mayor parte de las veces compatibles entre sí, e incluso complementarias. Si uno no quiere hacer la "guerra cultural", pienso que tampoco debería hacérsela a los cristianos que adoptan un tono más aguerrido. De todo esto se habla en la cuarta parte del libro.
7.- ¿Qué papel piensas que deberían desempeñar las instituciones educativas y culturales en la formación de los intelectuales cristianos?
Este es el tema de la segunda parte del libro. Me parece que hay tres cosas obvias: que esas instituciones deben formar cristianos capaces de encarnar el Evangelio en su mundo tal como es; que deben formar cristianos capaces de transformar su mundo, para que sea más humano y cristiano; y que deben fomentar vocaciones de cristianos que quieran vivir su misión precisamente en la plaza pública, con competencia profesional y convicciones profundas.
8.- Históricamente, el cristianismo ha tenido un gran impacto en la cultura occidental. ¿Crees que este legado, de alguna manera, sigue siendo relevante hoy en día o estamos viviendo una época en la que las bases culturales cristianas están en proceso de desaparición?
La victoria final que promete la Biblia desciende desde el Cielo con la Jerusalén celestial: no la construimos los hombres como una Torre de Babel. Entre medias, la historia es ambivalente. No sabemos con certeza su significado. Debemos discernir con esperanza y sentido positivo las novedades; sin dejarnos paralizar por la nostalgia ante las formas culturales buenas y bellas que desaparecen. El Evangelio no es una cosa del pasado, que exige volver hacia atrás: es más actual que los tiempos, tiene más futuro que ninguna otra promesa.
9.- Desde una perspectiva cristiana en el debate público, ¿qué temas consideras que deberían abordarse con más urgencia?
Las heridas de la naturaleza humana por las que todos sangramos de la misma manera: creyentes, personas en búsqueda y nihilistas. Recuerdo una entrevista, a la mujer de un premio Nobel de literatura ateo, que decía: "mi marido es como todos: sólo desea que le quieran". Me refiero al sufrimiento, la soledad, la falta de sentido, el afán de justicia, la necesidad de sosiego. Pero yendo más allá de los discursos. Como Cristo, abajándose, para luego acompañar en el camino del ascenso moral e intelectual: aprender a amar, a cultivar relaciones y vínculos comunitarios, a servir...
10.- ¿Cómo pueden los lectores de este libro contribuir a la sociedad contemporánea con una actitud cristiana? ¿Les darías algún consejo en este sentido?
Que lean el libro y que lo compartan, regalándolo (je, je, je). No, en serio: hay mucho que hacer. Pero lo más importante no es hacer: es agradecer, contemplar, alabar. Y para eso hay que bajarse del tren del activismo frenético, especialmente si es bienintencionado.
Doctor en Filosofía del Derecho y Política por la Universidad Complutense de Madrid, Ricardo Calleja es profesor de Ética en el IESE Business School y en el Máster de Cristianismo y Cultura Contemporánea de la Universidad de Navarra. Ha sido investigador en la Universidad de Notre Dame (Indiana), en la Universidad Católica de América (Washington, DC) y en la NYU School of Law (Nueva York).
Colaborador habitual de artículos de opinión en la prensa nacional y uruguaya, es autor y editor de libros como Istmos, Vivir como si Dios existiera o Lugares comunes.