04/06/2024
Publicado en
Heraldo de Aragón
Gerardo Castillo Ceballos |
Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra
El lema del movimiento artístico minimalista, ‘menos es más’, puede aplicarse a la vida cotidiana. Podemos dejar de lado lo superfluo y concentrarnos en lo esencial
Vivimos en una sociedad centrada en hacer más, tener más, consumir más. El miedo a perdernos algo se ha vuelto estresante. El diccionario de Cambridge lo define así: «Sentimiento de preocupación por la posibilidad de perder- se eventos interesantes a los que asistirán otras personas, especial- mente causado por cosas vistas en las redes sociales». Orbium, centro para tratamiento de adicciones, sostiene que ese sentimiento responde a «la necesidad irresistible de estar continuamente conectados a internet y participar en las redes por temor a ser excluido y perderse experiencias».
El psicólogo Svend Brinkmann, en su libro ‘La alegría de perderse cosas’, nos propone recuperar la moderación y el autocontrol para aprender a distinguir entre lo importante y lo trivial. Por ejemplo, dejar de lado las tentaciones de la sociedad de consumo para conseguir un modo de vida más satisfactorio y una mejor conexión con nosotros mismos y con los demás. La obra de Brinkmann se inserta en la contracultura de ‘menos es más’, término atribuido al arquitecto Mies van der Rohe, aunque hoy se usa genéricamente en el mundo de las artes. Es uno de los lemas del movimiento artístico conocido como minimalismo.
El minimalismo pretende reducir las obras a lo esencial, lo que, aplicado por ejemplo a nuestra vida diaria, significa reducir al máximo el uso y consumo de bienes materiales. Para reducir algo a lo sustancial es preciso despojarlo de elementos accesorios o sobrantes. Un buen símil es desfoliar una alcachofa. El corazón de la alcachofa es la parte más valorada y apreciada.
El minimalismo va más allá de tener o no cosas materiales. Se trata de un estilo de vida que invita a vivir con aquello que es verdaderamente necesario. Al eliminar las cosas innecesarias del día a día, se suprimen los excesos y se pasa a vivir de manera sencilla y tranquila, centrada en lo que de verdad importa. El minimalismo existencial es la aplicación del minimalismo en todos los aspectos de la vida diaria, desde los productos que consumimos a las relaciones personales. Una persona minimalista es contraria al consumismo descontrolado.
Asimismo, un sistema educativo basado en ‘menos es más’, reduce el exceso de reglas de comportamiento. Cumplir todas es imposible; es más realista tener menos, porque facilita su cumplimiento. Y es aplicable también al exceso de temas o lecciones de una asignatura. Es preferible profundizar en algunas cuestiones que tener una visión superficial de todas. Beatriz Sánchez, periodista y política, explica cómo leer un libro de forma minimalista: «Leer más no siempre es mejor. Y te lo dice la loca que ha hecho formaciones ‘on line’ para leer tres libros de diferente género literario en una semana. Mi foco estaba totalmente disperso y mi mente llena».
«Se trata de un estilo de vida que invita a vivir con aquello que es verdadera- mente necesario».
La estaba dañando y no podía dis-frutar igual que enfocándome en un solo libro». Bruce Lee sostiene que la simplicidad voluntaria es la clave de la brillantez. Implica establecer unas prioridades y eliminar lo no esencial.
Para Marie Kondo, «vivir con menos» es un arte que se puede aprender: «Si sientes que tu vida es un desastre, que no llegas a todo y que no tienes paz, quizá la solución empiece por ordenar tu armario, o por deshacerte de las pertenencias que te quitan espacio y tranquilidad». Marie ha inventado el método ‘Konmari’, que es tendencia en las redes sociales. En uno de los episodios de su serie en Netflix enseña a un matrimonio con dos hijos pequeños a controlar el estrés clasificando su ropa y desechando lo que no necesitan.
Gerardo Castillo Ceballos es profesor de la Facultad de Educación y Psicolo- gía de la Universidad de Navarra