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Escala de grises

REPORTAJE

03 | 04 | 2025

Facultad de Comunicación

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Desde sus inicios, la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra busca entender qué es la verdad y cómo protegerla frente al auge de la desinformación

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Vidrieras de la Facultad de Comunicación en el atardecer.

Una de las formas en las que hoy en día la Facultad de Comunicación defiende el periodismo y la verdad es promoviendo valores de honestidad entre los alumnos que llenan año tras año sus aulas monocromáticas. También lo hace a través de su investigación, con varios proyectos y grupos de profesores que se preguntan por los retos y desafíos de la profesión. 

Los últimos rayos de sol del otoño centellean sobre el césped que todavía se deja ver bajo las hojas muertas. Atraviesan las polvorientas ventanas de los pasillos grises-verdes-marrones del edificio Ismael Sánchez Bella. Esta luz engañosa casi hace creer que fuera no hace un frío glacial.

En 1958 comenzó el primer curso del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, que más tarde se convertiría en una de las dos primeras facultades de comunicación del país

¿Cómo brillaría el campus hace 66 años, cuando sus estudiantes aspiraban por primera vez a ser periodistas? En 1958 comenzó el primer curso del Instituto de Periodismo de la Universidad de Navarra, que más tarde se convertiría en una de las dos primeras facultades de comunicación del país. Hasta para sus historiadores, los comienzos siguen teñidos de un cierto misterio.

«No se conoce la fecha exacta de inicio de curso», admite el profesor Carlos Barrera, subiéndose las gafas por la nariz. Se sienta detrás de su escritorio, de espaldas a la ventana de la planta baja que da al césped siempre verde. Aparta algunos libros frente a su ordenador y enciende la pantalla, mientras relata cómo esa fecha de comienzo de las clases nunca se recogió oficialmente en los archivos. «Existe un artículo en Diario de Navarra, pero tampoco dice qué día exactamente». Quizás aquellos estudiantes y profesores no sabían que estaban haciendo historia.

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A la izquierda, Miguel Urabayen, profesor de la Facultad en 1970, poco después de que el Instituto de Periodismo se convirtiera en Facultad de Comunicación; en el centro, José Béjar, y a la derecha el Edificio de Ciencias Sociales en construcción en 1995.

Comienzos inspiradores

Durante la dictadura franquista, para convertirse en periodista había que matricularse en la Escuela Oficial de Periodismo, donde los profesionales recibían la formación y el control del Estado. «No existían estudios formalmente universitarios», cuenta Carlos Barrera. Todo cambió cuando pisó Pamplona por primera vez Antonio Fontán, profesor de latín y griego, periodista y, a partir de entonces, héroe de la libertad de prensa.

Según Carlos Barrera, la iniciativa de crear un canal de formación alternativo y sobre todo universitario, venía del propio San Josemaría Escrivá, fundador del Opus Dei y del Estudio General de Navarra, que se convertiría en la Universidad de Navarra. «San Josemaría tenía una gran preocupación por la trascendencia social de una profesión como el periodismo, que podía ser un canal para transmitir la verdad, pero también por su potencial para lograr lo contrario: compartir desinformación, aunque en aquel entonces no se empleaba ese término».

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Reunión de graduados en el 50 aniversario de la Universidad. En la foto se ven a Enrique Alcat, Carlos Barrera (COM'85) y Juan Luis Práxedes (COM'89).

Antes de ser instituto, y luego facultad, Fcom fue un curso de verano que impartió Antonio Fontán en 1958. «Escrivá y la Universidad se apresuraron a comunicar al Gobierno que querían que esta iniciativa se volviera permanente y proponer una formación en Periodismo», cuenta Barrera. Tras obtener todas las autorizaciones necesarias, el Instituto de Periodismo abrió oficialmente sus puertas en noviembre de ese año.

Hubo que esperar hasta 1962 para que el instituto se independizase totalmente del régimen de Franco —hasta entonces, los periodistas tenían que aprobar el examen oficial de la Escuela de Periodismo— y hasta 1971 para que se convirtiera en auténtica facultad. La Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra se convirtió en la primera del país, junto con la de Ciencias de la Información de la Complutense, en Madrid.

«Era la primera vez en España que el periodismo se incluía en el currículo académico. El Instituto de Periodismo fue, por tanto, una organización totalmente disruptiva»

Para Carlos Barrera, no hace falta avanzar tanto en el tiempo para reconocer el carácter rompedor de la facultad: «Aunque aquellos estudios no condujeran a una licenciatura, los futuros profesionales estaban inmersos en un ambiente universitario, codeándose con estudiantes de letras, derecho y medicina. Era la primera vez en España que el periodismo se incluía en el currículo académico. El Instituto de Periodismo fue, por tanto, una organización totalmente disruptiva». 

El Instituto empezó con «la idea de formar a los periodistas lejos del componente político que tenía la escuela del Régimen para contar la verdad de forma ética». Un propósito que se sigue persiguiendo en las aulas del edificio gris, y los despachos.

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A la izquierda, conferencia de alumnos del MEGEC (2001); y a la derecha, el Edificio de Ciencias Sociales (1999).

Mónica Codina: «El auge de la desinformación procede de la variedad de voces que afectan a la opinión pública»

Conceptos polifacéticos

En la primera planta, al final del pasillo, junto a la sala de descanso donde a veces toma café, nos atiende una figura pensativa con una americana de rayas. Las persianas están medio bajadas, por lo que solo se ve una parte de las ventanas de enfrente. Un rayo de sol ilumina una foto en blanco y negro de David Beriáin que cuelga junto a la puerta.  «Era un muy periodista», comenta Mónica Codina. «Le pido consejo de vez en cuando».

Tras sus gafas ovaladas, se nota su cautela a la hora de definir la verdad. Quizá porque la profesora de Deontología periodística conoce las consecuencias de una palabra mal dicha.  «Es un concepto que responde a distintas cosas. Por un lado, está la verdad factual, los hechos que ocurren.  Luego, hay verdades que tienen que ver con un contexto o una historia, una narrativa de hechos. Entonces, la verdad se da cuando se puede contar a través de una historia y responde a lo que realmente está pasando, sin desfigurar la realidad u omitir información relevante. No se trata nunca de encontrar una verdad expresada que pueda llegar a abarcar 360 grados todo lo que está aconteciendo».

Y por el contrario, la desinformación responde al engaño. «Se consigue omitiendo informaciones, descontextualizando datos o emitiendo declaraciones que se interpretan con un sentido distinto del que tenían cuando se pronunciaron».

 

Mónica Codina: «El periodismo es más necesario que nunca, precisamente porque hay una gran desinformación. Ser periodista debería ser garantía de que lo que se está contando sea verdad»

     

El auge de la desinformación, según la profesora, procede de la variedad de voces que afectan a la opinión pública. «Puede haber estrategias de desinformación deliberada que vienen de personas que quieren intervenir en los movimientos sociales. Pero hay otro tipo de desinformación que no procede necesariamente de una intencionalidad política o social deliberada. Hay personas que no tienen formación profesional periodística y se erigen en influencers de opinión y, al no tener todo el conocimiento necesario, tienen prácticas que pueden generar desinformación».

Desinformar no tiene por qué ser una mentira completa. «A veces, se juegan con medias verdades o falta de datos para generar procesos de desinformación. También se pueden establecer cauces de opinión en momentos inadecuados que generan ruido al apoyarse en fuentes que no tienen autoridad suficiente para hablar de un tema».

Preguntada sobre si los periodistas pueden ser a su vez vehículos de desinformación, la profesora asiente. «Cuando el periodismo no hace bien su trabajo, por ejemplo, cuando no comprueba bien de dónde vienen las informaciones de las redes sociales, cuando usa datos para posicionarse políticamente de maneras poco transparentes, no está cumpliendo bien su función».

Codina agarra los reposabrazos de la silla de su escritorio y se realza. A pesar de todos los retos que tiene que afrontar esta profesión, tiene claro que  «el periodismo es más necesario que nunca, precisamente porque hay una gran desinformación. Ser periodista debería ser garantía de que lo que se está contando es verdad».

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Ana Azurmendi, catedrática en Derecho Constitucional, explica a los alumnos que «difundir una información falsa puede tener consecuencias legales graves, ya que les priva de la protección de la ley».

Guardianes de la democracia 

También lo dice la ley. «El artículo 20 de la Constitución Española reconoce junto a la libertad de expresión el derecho a la información veraz», explica la catedrática en Derecho Constitucional Ana Azurmendi. A pocos pasos del despacho de Mónica Codina, se sienta elegantemente de espaldas a sus libros y a un grabado de Botero descolorido por el sol.  

Ese mismo artículo 20 también define la veracidad periodística o informativa como «aquella verdad a la que ha llegado el periodista cumpliendo con diligencia profesional sus obligaciones», explica la experta. «La Constitución ofrece protección a aquellos profesionales que hayan respetado la ética profesional, hayan obtenido información de fuentes relevantes, elaborado una información con su criterio periodístico y la hayan difundido de manera que coincida con lo que él haya llegado a conocer de una realidad».

Con la espalda recta, se ajusta la blusa verde a juego con las pequeñas esmeraldas que cuelgan de sus orejas. «Les digo a mis alumnos que no se la jueguen, que difundir una información falsa puede tener consecuencias legales graves, ya que les priva de la protección de la ley».

«Cuando se habla de desinformación, hay que hablar de bulos. Su finalidad real es engañar»

Además, destaca también el papel político del periodismo: monitorear y supervisar las actividades de las instituciones para prevenir el abuso de poder o la corrupción. «El Tribunal Europeo de los derechos humanos afirma que el periodismo cumple el papel de guardián de la democracia». ¿Cómo luchan los periodistas? Para Azurmendi, la respuesta no tiene nada que ver con espadas o pistolas: «Con información veraz».

En cambio, según Ana Azurmendi, «cuando se habla de desinformación, hay que hablar de bulos. Su finalidad real es engañar». La ley no prevé medidas para luchar contra ella, pero sí medidas que afectan a las plataformas digitales. «Por ley de la Unión Europea, tienen la obligación de tener un plan contra la desinformación y publicar un informe que comunique anualmente qué riesgos o qué situaciones de desinformación han tenido que enfrentar durante el año y cómo lo han hecho».

Verificación y vocación

«A ver, periodistas». Las cabezas se levantan, las risas y las conversaciones se detienen en seco, los ojos abandonan las pantallas de ordenador y se posan en la cátedra. Ninguno de los alumnos que se han sentado alguna vez en las grises aulas de Fcom podría olvidar el característico saludo de Ramón Salaverría

Fuera de la facultad, se le conoce sobre todo por su investigación en periodismo digital y desinformación. Tras el éxito del proyecto RRSSalud, que analizó el impacto de las redes sociales en la salud pública en plena pandemia, la Comisión Europea decidió confiar en la Universidad de Navarra para liderar un observatorio mediático en la Península Ibérica.

 

Ramón Salaverría: «Hay mucha desinformación… sobre la desinformación. Más que acabar con ella, aspiramos a entender qué es exactamente y cómo funciona»

     

Ramón Salaverría lleva tres años coordinando Iberifier, un proyecto que reúne investigadores, periodistas y fact checkers que estudian y combaten la desinformación en España y Portugal. Se encargan por ejemplo de recibir los informes que mencionaba Ana Azurmendi. De momento, su actividad debería seguir hasta 2026, tras la ampliación de la financiación el año pasado con Iberifier Plus. «Hay mucha desinformación… sobre la desinformación», admite el profesor, riéndose. «Más que acabar con ella, aspiramos a entender qué es exactamente y cómo funciona».

También sonríe al desvelar los trasfondos de su mítico saludo. «Hace unos años, se me ocurrió empezar todas mis clases así», recuerda desde su despacho en el edificio Ismael Sánchez Bella, de espaldas a su ventana, cuyas vistas quedan ocultas por un magnolio aún sin flores. «No es un simple saludo», explica. «Se ha convertido en un pequeño ritual, pero también es motivacional. Tiene un punto de desafío. Les recuerda a los estudiantes lo que quieren ser». El profesor entiende así la docencia: «Sacar lo mejor de los alumnos».

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Mural de Fernando Pagola en la Facultad de Comunicación.

Salir a la calle, contar la verdad

La luz que se cuela por los pasillos  ilumina también la piedra gris de la explanada, casi tiñéndola de azul. Blanquea el hormigón de un edificio mucho más reciente, construido sin pintura porque, según la leyenda que circula entre quienes entran y salen de la Facultad de Comunicación desde hace generaciones, «el color lo ponen los alumnos». 

Los rayos resplandecen tras los ventanales de la planta baja y caen por la claraboya de la entreplanta. En el segundo piso, alimenta unos cuantos árboles rojos colocados en especies de jardines colgantes, pequeños patios llenos de guijarros que se observan desde el pasillo repleto de puertas cerradas. Una de ellas, sin embargo, está siempre abierta. De ahí se escucha un estribillo ochentero.

 

María Jiménez: «Buscamos que los alumnos se apasionen con la idea de contar la vida de los otros»

     

Desde las paredes del despacho, 100 ojos te miran con orgullo: Luka Brajnovic, Paco Sancho, Juan Antonio Giner y muchos otros grandes nombres esconden el blanco de los muros, junto a fotos de alumnos, carteles en homenaje a la prensa escrita y una camiseta del Atlético de Madrid enmarcada y decorada, no de un nombre, pero del acrónimo MAJ. Todo el mundo llama al profesor Miguel Ángel Jimeno por sus tres iniciales. 

A veces, se abre también la puerta del despacho justo en frente. María Jiménez, con un vestido de flores y un pintalabios rojo vivo, espera detrás de un escritorio sembrado de libros. Siempre con una sonrisa, se expresa con delicadeza y un acento del sur. 

El suplemento, un proyecto que evoca el miedo a lo desconocido, trabajo duro, pero también el salir a la calle y las buenas historias

Miguel Ángel Jimeno y María Jiménez comparten mucho más que pasillo, iniciales y pasión por el periodismo; ambos son profesores de la asignatura Géneros y edición de diarios y revistas, de la que los antiguos alumnos recuerdan una cosa por encima de todo. Un proyecto que evoca el miedo a lo desconocido, trabajo duro, pero también el salir a la calle y las buenas historias: el suplemento. 

En el origen de la asignatura, en 2006, toda la promoción elaboraba un único suplemento periodístico. «Pronto nos dimos cuenta de la locura que era gestionar a 80 personas», comenta MAJ, echado para atrás en su silla y cruzando los brazos sobre su camisa de cuadros. 4 años más tarde, dividieron la clase por grupos de diez. «La idea de fondo sigue siendo la misma: salir a la calle y hacer periodismo». 

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A la izquierda, alumnos recibiendo clase en el campus (2022); y a la derecha, alumnos en el Hall de la Facultad de Comunicación (2024).

Más que un simple trabajo en grupo, los suplementos son un producto periodístico puro, con propósitos claros. «Nuestros mundos nos parecen más grandes de lo que son. Queremos animar a los alumnos a romper esa frontera, hacerles ver que justo al lado de donde pasan todos los días, se esconden historias que no tienen nada que ver con ellos, pero que tienen mucho que ver con el mundo real», comenta María Jiménez. Para la profesora, el objetivo de la asignatura está claro: «que los alumnos se apasionen con la idea de contar la vida de los otros».

Proteger la verdad, también es hacer periodismo que trasciende, que captura las infinitas vertientes de lo que significa ser humano

Cultura periodística

Según ambos profesores, esta tarea tiene mucho que ver con la búsqueda de la verdad. María Jiménez opina que «en el fondo, buscar la verdad se basa primero en hacerse preguntas sobre el mundo y en intentar darles respuesta». MAJ está convencido: «Si uno decide dedicarse a esto, aquí se viene a contar la verdad. Las grandes palabras que un periodista tiene que tener siempre en mente y que procuramos inculcar a los chavales, son la honradez y la honestidad a la hora de mirar la realidad».

MAJ cuenta que tratan de transmitir los mismos valores con los trabajos de fin de grado, de los cuales se encarga. Aunque también cabe la posibilidad de entregar trabajos individuales, los “tefegés” de periodismo brillan por su carácter grupal. Alumnos divididos en equipos de «mínimo nueve, máximo once» personas elaboran nuevos productos periodísticos que lanzar al mercado. Sin embargo, el profesor subraya haber querido dar un paso adelante. Los trabajos de fin de grado requieren la búsqueda de una comunidad, de una audiencia potencial, lo que no es el caso para el suplemento».

Miguel Ángel Jimeno  

Miguel Ángel Jimeno: «Las grandes palabras que un periodista tiene que tener siempre en mente y que procuramos inculcar a los chavales, son la honradez y la honestidad a la hora de mirar la realidad»

     

Además, MAJ fundó el año pasado su seminario de cultura periodística, que se celebra cada martes y jueves para estudiantes de tercer curso especialmente entusiastas. «Quería que fuera un seminario para que cada semana, los alumnos tuvieran un goteo de buen periodismo, de quiénes son los referentes en España y de la potencia periodística que representa nuestro país».

Y muchos de esos referentes han pasado también por nuestras aulas. James Harding (BBC), Martin Baron (exdirector del Washington Post), Paul Steiger (exeditor de The Wall Street Journal), Jill Abramson (exdirectora de The New York Times)…

En 1997, un año después de estrenar el edificio que hoy es nuestra casa, Miguel Delibes inauguró un paseo de grandes figuras de la comunicación que recibían el premio Luka Brajnovic. Tras él, vinieron muchos más: David Puttnam, productor de cine británico; Antonio Fontán, periodista y profesor de periodistas, Ettore Bernabei, periodistas italiano; James Nachtwey, fotoperiodista… y entre ellos está David Beriain, periodista, antiguo alumno y premiado de forma póstuma. El reconocimiento a estas personas valora su trayectoria, en la que destaca una sólida defensa de la dignidad de las personas y los valores humanos de libertad, tolerancia y solidaridad.

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Premio Luka Brajnovic a David Beriáin en 2021 en el aula 6 de la Facultad.

A menudo se escucha que el periodismo no tiene nada que ver con la ficción, que la única información que se puede considerar noticia es aquella que es cien por cien real. Sin embargo, en una entrevista de 2018, el mismo David Beriáin explicaba que los periodistas tienen mucho que aprender de ella. "Las buenas series de la actualidad están llenas de personas que no son ni buenas, ni malas. Son grises. [...] Porque son humanos. Y los humanos somos así”.

Si el verdadero descubrimiento de la verdad requiere hablar con los protagonistas de una historia, los periodistas deben ser capaces de discernir en ellos sus múltiples facetas. Beriáin se interroga: “¿Por qué la ficción ha descubierto esa fascinación, esos detalles, y el periodismo, que debería ser el verdadero experto en los grises de la naturaleza humana, no?” Para el profesional, en vez de hacer periodismo más blanco o más negro, con una definición unilateral y sin dejar espacio a lo desconocido, “hay que navegar constantemente en los grises”. Proteger la verdad, también es hacer periodismo que trasciende, que captura las infinitas vertientes de lo que significa ser humano.