La Universidad de Navarra acoge la presentación de la traducción al español de “Los cruzados”, de la polaca Zofia Kossak

La Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Navarra ha acogido la presentación de la traducción al español de “Los cruzados”, obra de la escritora polaca Sofia Kossak. En el encuentro, celebrado en el campus de Madrid y enmarcado en las actividades que organiza el Máster en Cristianismo y Cultura Contemporánea (MCCC), han participado Higinio Paterna, traductor y editor de la obra, y Pablo Pérez, catedrático de Historia Contemporánea y profesor del MCCC. El acto ha contado con el patrocinio de la Embajada de la República de Polonia en Madrid y del Instituto de la Memoria Nacional.
El profesor Pérez ha comenzado su intervención recordando el contexto histórico en el que Kossak desarrolló su obra y ha subrayado la importancia del cristianismo en su narrativa. Asimismo, ha apuntado que Los cruzados es una novela que no idealiza la cruzada medieval, sino que la presenta con toda su crudeza, incluyendo la brutalidad de la época. Por otro lado, ha hecho alusión a Charles de Gaulle, de cuya figura es experto, señalando la coincidencia en la cronología de sus vidas: “Ambos vivieron tiempos oscuros, pero también llenos de luces".
Por su parte, Higinio Paterna ha ahondado en su biografía y en la relevancia de su producción en el panorama literario. Fue un libro polémico en su tiempo y sigue siéndolo hoy", ha afirmado. En este sentido, su traducción, como ha explicado, ha buscado preservar la fuerza y profundidad del texto original. A lo largo del coloquio, los asistentes han conocido la trayectoria vital en la que se desarrolló la producción de Kossak. Como ha apuntado Paterna, “dejó una huella imborrable en la historia polaca. Aunque no buscaba reconocimiento, sus acciones fueron clave en la resistencia y en la salvación de muchas vidas judías”. Como ha explicado, tras una tragedia personal que la dejó sin nada, Zofia Kossak se trasladó a Silesia, una región disputada entre Polonia y Alemania. Cautivada por ese lugar, allí escribió sobre su pertenencia a Polonia, una postura que le llevó a ser incluida en la lista negra de la Gestapo. A pesar de ello, se involucró en la resistencia polaca, arriesgando su vida para ayudar a quienes más lo necesitaron.
Con una red de colaboradores, entre los que se contaban sacerdotes, introdujo la comunión en la prisión más temida de Varsovia. También fundó su propia organización clandestina con un fuerte carácter religioso, convencida de que la guerra estaba causando una degradación moral en sus compatriotas. De hecho, como ha explicado Paterna, dejó de escribir novelas para dedicarse por completo a la propaganda del Estado clandestino polaco. Zofia Kossak denunció desde el primer momento lo que sucedía en Auschwitz, originalmente un campo de concentración para intelectuales y soldados polacos, convertido después en un campo de exterminio. Aunque no simpatizaba especialmente con los judíos, publicó un manifiesto titulado “Protesta”, en el que llamaba a la acción y donde afirmaba, "Quien no ayude a los judíos no es polaco ni cristiano".
Tal y como ha explicado Paterna, su organización coordinó la ayuda a los judíos con personas de diversas ideologías, desde comunistas hasta nacionalistas. “Ocultarles era una tarea extremadamente peligrosa, que requería logística, documentos falsos y, sobre todo, absoluto silencio”. Un día, al volver a casa por una ruta inusual, fue arrestada por los alemanes con material de propaganda. Encarcelada en Pawiak, fue torturada y malherida, aunque mantuvo “una actitud ejemplar”. Enviada a Auschwitz, donde se descubrió su verdadera identidad, escribió sobre su experiencia en un libro titulado “Desde el abismo”, donde relató la vida en el campo “con una visión de esperanza inusual”. Tras enfermar gravemente y gracias a un soborno del Estado clandestino polaco, fue liberada.
Después de la guerra, con Polonia bajo dominio comunista, recibió una advertencia de que no estaría segura en su país. Un alto funcionario del Ministerio del Interior, cuyo hermano había colaborado con Kossak en la misma organización, le entregó un pasaporte para que escapara. Se exilió en Suecia, donde sufrió penurias económicas hasta que pudo cobrar regalías por sus libros. Más tarde, se reunió con su marido, quien había pasado la guerra en un campo de prisioneros. Para ayudar a su recuperación, se trasladaron a una granja en el oeste de Gran Bretaña, donde vivieron una década en el anonimato. Durante este tiempo, se difundió el falso rumor de que había colaborado con el régimen comunista, lo que la llevó a retirarse de la vida pública.
Tras la muerte de Stalin, Zofia Kossak regresó a Polonia en 1957. Según ha explicado Paterna “fue recibida con entusiasmo y pudo volver a publicar, aunque sus obras habían sido censuradas y prohibidas por el régimen comunista. En un acto de coherencia con sus principios, rechazó un premio literario del Estado comunista debido a su persecución a la Iglesia católica”. Sus últimos años los pasó de forma humilde en la pequeña casa del jardinero de su antiguo hogar, que había sido destruido en la guerra. En 1968, tras una visita a Auschwitz, sufrió problemas de salud que la llevaron a la muerte pocas semanas después.